YO LE CREO AL PAPA

 

Julio 5 de 2015.

 

El mundo anda con papitis. Latinoamérica anda con papitis.

 

Sí, con fiebre de papa, agravada porque a Francisco le dio por venir a visitarnos. Y escogió para su visita a Latinoamérica los países “pobres”: Ecuador, Bolivia y Paraguay. Se vino para el continente con mayor número de católicos en el mundo. Por supuesto, el número de creyentes es inversamente proporcional al nivel de educación de los pueblos. Por eso acá hay tanto creyente y por eso, afortunadamente, hay cada vez menos. Y se vino Francisco para donde lo cuestionen lo menos posible, donde le crean bastante, donde los pobres. No vino a Venezuela, donde lo necesitan con urgencia, ni a Colombia, donde podría darle un empujón a la paz. No. El papa se vino a donde lo adulen, a donde le den coba y le digan “revolucionario”.

 

Y es que, según todos, Francisco está revolucionando la iglesia porque está haciendo cambios jamás pensados. ¡Y todo el mundo se lo cree! ¿No ve que dice que quiere una iglesia pobre para los pobres? ¿Cuándo se había visto algo así? Además ha dicho que no le gustan los curas pederastas. ¡Impresionante! CNN en español, Univisión y todos los medios cubrirán cada centímetro de esta gira, en mi opinión otra mentira más de la mentirosa iglesia católica, que no es la única falaz, pero sí la que más cerca nos toca sufrir.

 

Pero yo le creo al papa.

 

Si señores, le creo el día en que se atreva a decir que no hubo ninguna creación, que las especies evolucionaron tal y como lo dijo Darwin, que no hubo pecado original, que al infierno, al cielo, a diablo a los ángeles, a la virgen y a todos los personajes de ese novelón llamado cristianismo los inventaron unos señores hace mucho menos de dos mil años para poder someter, digo, esclavizar mentalmente a sus pueblos. A mi manera de ver, subyugar mentalmente a los demás es la más detestable forma de esclavitud, porque sigue vigente, disimulada en el amor al prójimo y en el temor a dios. Le creo cuando reconozca que la santísima trinidad es un cuento ridículo que insulta la inteligencia, cuando diga que debemos comportarnos como seres humanos pensantes como consecuencia a una certeza moral y no por miedo al castigo eterno. Le creo cuando permita el matrimonio de los sacerdotes, evitando así que los seminarios sean lo que son: el escondedero de muchos depredadores sexuales que disimulan en el celibato su incapacidad de enfrentar al mundo con una preferencia sexual distinta y que terminan abusando de los niños, inocentemente llevados por sus creyentes padres a las manos de tantos miserables, de tantos depravados pederastas, con mucha frecuencia protegidos por la mirada alcahueta de obispos y jerarcas de la iglesia.

 

Le creo a Francisco cuando diga que el matrimonio es un derecho de todos los seres humanos y por lo tanto se puedan casar en las iglesias personas con personas, sin tener en cuenta su género ni su orientación sexual. Le creo cuando oficialice el aborto, cuando derogue los 10 mandamientos, cuando cierre del todo el infierno (al fin y al cabo al limbo lo cerraron en el 2008, o sea que se puede)  y reconozca que no hay cielo, ni alma, ni resurrección. Le creo cuando promueva los métodos “no naturales” de planificación familiar, cuando diga que el SIDA se previene usando condón y no prohibiendo el sexo extramarital y no procreativo.

 

Vamos bien. Le creo a Francisco cuando declare al credo una mentira milenaria (si, a ese que dice: “creo en dios padre todo poderoso creador del cielo y la tierra, de todo lo visible y lo invisible”, etc.), cuando reconozca que la historia del tal Jesucristo, con casi 30 años embolatados y cero evidencia arqueológica, está demasiado forzada para seguir echándola. Tenemos objetos que pertenecieron a Tutankamón, mil trecientos años más viejo y pinturas rupestres de cuarenta mil años. Pero de Jesucristo, ni una esquelita miserable, ni un pantaloncito viejo, nada.

 

Le creo a Francisco cuando diga que los seres humanos ya no necesitamos más religiones que no producen sino terrorismo, muertes, inmolaciones y pánico. Mejor dicho, cuando diga que los seres humanos debemos abrazar la bondad como un valor moral y no como una obligación impuesta por otros seres humanos.

 

¿Revolucionario? Lleno de cuentos es lo que es.

 

Mejor dicho, a Francisco tampoco le creo nada. Ojalá se devuelva rápido.